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viernes, 4 de marzo de 2022

UN DOMINGO CON EL MEJOR BOXEADOR VENEZOLANO DURANTE LA DECADA DE LOS 80

 






UN DOMINGO CON EL MEJOR BOXEADOR

VENEZOLANO DURANTE LA DECADA DE LOS 80


Barinas (Dimas J. Medina) Con un efusivo abrazo, como si nos conociéramos desde hace tiempo, establecimos nuestro primer contacto.

     

Ocurrió el pasado domingo primero de marzo en las afueras del estadio de beisbol menor “Ramón Bachaco Castillo”, de nuestra barriada R-10 de Cabimas.

     

Ese día conocí a Manuel Antonio Vílchez Sánchez, el recordado campeón Panamericano de boxeo en la categoría gallo, en 1.983.     

     

El pugilista engalanó con su presencia, el homenaje deportivo que nuestra barriada tributó al hombre que identifica el mencionado estadio.


      

Aunque sólo nos conocíamos por teléfono, Vílchez, además de respeto, mantiene una alta estima hacia nuestra persona. Por referencia sabía que formábamos parte, del grupo de organizadores de la tradicional caimanera de softbol de todos los fines de año en el barrio.

     

Y como el 23 de diciembre pasado, no pude estar presente en la caimanera cuando le entregamos un merecido reconocimiento, decidimos nuevamente que nos engalanara con su presencia, el homenaje que brindamos el pasado domingo al hombre que más generaciones de peloteros ha formado en nuestra Cabimas de añoranzas: Ramón “Bachaco” Castillo.

       

Por eso, cuando llegamos al estadio, Manuel Vílchez se nos acercó para saludarnos de manera afectuosa, como si nos conociéramos desde hace tiempo.

     

Y desde que hicimos entrega de los reconocimientos, primero al internacional pitcher de softbol de nuestra barriada Ramón Jones Junior; segundo, al invitado especial, Manuel Vílchez y, posteriormente al homenajeado del día, Ramón Castillo, el ex pugilista no hizo otra cosa que hablar de su modesta carrera.


CRONISTA Y FILOSOFO

     

Concluido los actos protocolares con el posterior careo de softbol, los asistentes al estadio nos movilizamos hacia una modesta vivienda del sector, donde Mervin Saavedra ofreció un agasajo a todos los involucrados en el mencionado homenaje.

     

Allí, Manuel Vílchez se destapó a conversar sobre su brillante carrera deportiva. Además de cronista y ejemplar ciudadano, nuestro personaje pareció proyectar una especie de humilde filósofo.

     

Conversador como fue durante aquel domingo, Vílchez rescató una frase de uno de los grandes boxeadores zuliano: “Las condiciones matan calidad”. 

      

“Eso se lo escuché a Betulio González” expresó al sintetizar las razones de su definitivo retiro del boxeo profesional. 

     

 “Me descuidé en el gimnasio”. Y ocurrió en el ocaso de su carrera boxística, por allá en 1.994, cuando mermaron la pasión por el ring y el interés por mantener sus condiciones físicas.

     

Y a pesar de aquella confesión, sigue considerándose el mejor boxeador venezolano durante la década de los 80 del siglo pasado.

      

En ese momento trajo a colación el nombre del primer venezolano en disputar una corona mundial. Su paisano Ramoncito Arias, quien no pudo frente al entonces campeón mundial mosca, el argentino Pascual Pérez, en aquel histórico combate celebrado el 19 de abril de 1.958 en El Nuevo Circo de Caracas.


EL ORGULLO DE CABIMAS      

     

Testigo de aquella larga conversación, fueron mi amigo desde nuestra infancia, Domingo “Minguito” Primera; mi esposa Yulimar Cantillo y mi hermano Alfonso “Foncho” Medina, quien durante toda la tarde estuvo echándole bromas a nuestro especial invitado.

     

Además de los tragos, también estuvo presente, otro recordado atleta nacido en el barrio, Wilfredo Espinoza, quien delante de Manuel Vílchez, aclaró que en el Campeonato Mundial de Beisbol Juvenil celebrado en Caracas en 1.980, jamás recibió un jonrón del hoy miembro del Salón de la Fama, Mark McGuire, como muchos en el barrio sostiene de manera convincente.

      

De hecho, el propio Espinoza también aclaró que tampoco firmó con Los Tiburones de La Guaira. “Lo que pasa es que nuestra selección jugaba Oswaldo Guillén y cuando Padrón Panza intentó contratarme, me había lesionado el pie derecho. Por eso, al único que firmó La Guaira de aquel equipo, fue a Guillén”.

      

En ese momento, Vílchez consideró también a Espinoza como otro orgullo de Cabimas, igual como han sido Vitico Davalillo, el propio Ramón “Bachaco” Castillo, Ramón Jones Junior, Ramoncito Arias, Faustino Zabala, Pedro Castellanos, su hija Misbely Castellanos y la también Miss Venezuela 1.974, Neyla Moronta.

     

“Y de eso, debemos sentirnos orgullosos, nosotros los nacidos aquí en Cabimas”.


HONOR Y GLORIA

 

Orgulloso de su carrera boxística, Vílchez reconoció que a pesar de que el poco dinero que ganó como boxeador, se fue igual como llegó, sigue manteniendo en su recuerdo una hazaña que todavía cuenta y describe como cualquier cronista.


Nacido en Cabimas el 21 de octubre de 1961, Manuel Vilchez ganó el 28 de agosto de 1.983 la reñida final del boxeo en el peso gallo, al dominicano Pedro Nolasco, en los recordados Novenos Juegos Deportivos Panamericanos celebrados en Caracas.


El nativo del sector Las Delicias de Cabimas, fue el único peleador criollo en lograr la gema áurea. Además fue premiado como el boxeador más técnico del certamen panamericano.


Y antes de aquel famoso combate, Vílchez fue uno de los pocos boxeadores venezolanos que además de cumplir de manera exitosa su siglo olímpico, ganó todos sus combates internacionales.


Fue Campeón en los Juegos Bolivarianos en Barquisimeto en 1.982, medalla de plata en los Juegos Centro Americanos y del Caribe en Cuba en 1.982 y medalla de oro en los Juegos Suramericanos de Guayaquil en 1.983.


Obtuvo también la medalla de plata en la Copa Halley en Alemania en 1982, la medalla de oro en la Copa Berlín en Alemania en 1.983 y la medalla de bronce en el Cinturón de Oro en Rumanía en 1.983.


Con todo ese historial, parecía indicar que Manuel Vílchez alcanzaría una medalla en las Olimpiadas de Los Ángeles 84, donde subió al ring estadounidense como favorito ante el ugandés John Siryakibbe… ¡y perdió! 


A pesar de aquel truncado sueño, Manuel Vílchez saltó al profesional y tras llegar invicto con once triunfos consecutivos, le disputa el título mundial supergallo al estadounidense Louis Espinosa el 15 de julio de 1987 en Arizona; pero no pudo mantener la ventaja a los puntos al sucumbir en el décimo quinto asalto, más por cansancio que por los golpes del campeón. 


“Las piernas no me daban… fui el último venezolano en pelear a 15 rounds porque después las peleas por el campeonato mundial se limitaron a 12 rounds”, resumió Manuel Vílchez, quien terminó su carrera en el tinglado profesional con foja de 32 laureles, 15 de ellos por nocaut y 8 derrotas, 3 por la vía del sueño.


En total, Vílchez hizo casi 200 peleas, incluyendo las 160 que realizó en amateur.


Hoy, el hijo de Teresa Suárez y Ramón Vílchez todavía vive de forma modesta en una casa cerca del hogar de su mamá, en la misma calle de la ovación, en la misma calle que le vio crecer. Tiene dos hijos Angélica María, de 35 años y Manuel Angel, de 33.


Y sobrevive como la mayoría de los venezolanos, con un pírrico salario, como archivista de la Prefectura del Municipio Cabimas, cargo que viene desempeñando desde hace 24 años.

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